TIERRA ARAUCANA (CHILE) Héctor José Corredor Cuervo -
Bajo rayos de la luna en amable noche umbría con el calor de la pluma escribo con alegría a esa tierra que es la cuna de grandes en poesía que han tenido la fortuna de soñar en armonía tras huella de la ternura de una raza que es bravía.
Tierra del gran cabecilla, descendiente de araucanos, que le hizo frente a Castilla por defender los hermanos de una tromba en la conquista en el suelo americano.
Terruño de Juan Engaña de Cifuentes, de Lastarria, de O’Higgins y de Zapiola, luchadores en la historia de la contienda española.
País de grandes mujeres como Gabriela Mistral, quien rechazó los esquemas del vate tradicional sublimando los placeres y belleza terrenal con temor a los poderes de un Ser Sobrenatural.
Suelo natal de Neruda, de Huidrobo y de otros tantos que su voz no quedó muda al ver escombros y llantos en la “Negra Laguna” de politiqueros natos que se ocultan entre bruma para asustar con espantos.
Tierra en forma de una espada con su brillo refulgente donde se ve en alborada el Ande del continente que sostiene cual columna la existencia de la gente.
Bajo cielo iluminado con estrellas diamantinas se ve brillar El Salado con un manto de neblina que vigila cual soldado a Chile y a la Argentina.
En las pampas de Atacama, con imponente belleza, brota el nitrato de plata y cobre de gran pureza que son orgullo de raza que jamás siente pereza.
En recios aires australes se oye la cueca y la zamba con sonidos celestiales cuando dolor tiene el alma las que animan a mortales y les devuelven la calma.
¡Oh, grata tierra araucana!, paraíso de Universo, donde se ve entre las ramas la fertilidad del huerto saturado de manzanas, uvas, peras y cerezos; yo quisiera que mañana se fundan grandes esfuerzos y se luche en cuerpo y alma para lograr el progreso.