Los absurdos molestan se meten como animal incestuoso entre las cuevas rompiendo la guarida en cada luna llena abren sus pezuñas calientes para hostigar hasta debajo de las piedras si es que ha quedado provisión alguna durante este invierno pueden estar en cualquier parte en una conversación sobre el mantel estropeando la cuchara o en un sorbo de aire limpio siempre en su cárcel de tul paseándose por los costados a la velocidad del viento sobre una mancha de humedad con los aromas de las hojas secas jugando a las apuestas en cada disparo de auxilio desde las bocas del silencio.