Tú que eres pastor de una brisa con puntos estelares que se encienden en la silueta de la luna tú que supervisas vientres fragmentados que gravitan pellejos cuando cavilan los ruegos tú que eres harina de molienda y le muestras al sol todas sus edades
yo me inscribo con el látigo del tiempo al curso sencillo donde se pliegan páginas amarillas con rumores de salmo troqueles al paraíso y la sutil transparencia de noble lentitud que jadea la esperanza
tú y yo , sin más sobrevivimos al metal acorazado a la sombra de olivos y cerezos al costado de un río y sus sueños de inciensos depurados dejando el duro acento en el cristal el alma en bella forma sin que se ponga a roncar el viento en el cruce veloz de todas las espigas.