ASPECTOS BÁSICOS DE LA DECLAMACIÓN

Sab19042014

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ASPECTOS BÁSICOS DE LA DECLAMACIÓN

Si no dominamos la lectura con exactitud, corremos el riesgo de cambiar el sentido de la idea que el poeta expresa en su obra. Un buen declamador debe ser antes un mejor lector. Es indispensable no dislocar el ritmo; una sílaba de más o de menos, produce el defecto auditivo de un tropezón en la musicalidad del verso: esto se llama cojera en la técnica poética. 

Qué ofensa tan grande resulta para los buenos poetas, cuando un lector o recitador osa no respetar el ritmo, la medida o el buen sonido y musicalidad en sus poemas. Si el declamador sospechare sobre un posible error en el poema, debe cotejar en otras versiones cuál fue la forma genuina que produjo o quiso generar la creatividad del autor.

Sigue siendo el diccionario un libro básico para todo el que maneje el lenguaje, y quien exprese sentimientos al decir un poema, debe acudir con la frecuencia que sea necesaria a este recurso, si pretende ejercitar todos los aspectos de la palabra. Para leer con claridad es necesario entender lo que leemos.

Entonces, a ti que pretendes la erudición en el tratado que aquí estudiamos, yo te digo: encamínate a leer; lee mucho en voz alta, aprende a detenerte en cada signo  e puntuación, encuentra las pausas y los tiempos adecuados a esos elegantes silencios que hacen los buenos lectores. Y, aunque se sepa leer, resulta un buen ejercicio para quien desee adquirir soltura y elegancia.

El primer secreto del buen lector se refiere al tiempo que debe durar cada pausa. Hay cuatro signos principales en nuestras lecturas con diferentes tiempos en la pausa: La coma, que vale un tiempo. Cada vez que se encuentre una coma, pensará en la palabra “uno” y aprovechará para respirar durante ese tiempo.

Cuando encuentre punto y coma pensará “uno, dos”. Si se trata de un punto, ya sea punto y seguido, punto y aparte o algunos signos equivalentes como el cierre de admiración o de interrogación, contará tres tiempos normalmente: “uno, dos, tres”.

Y en el caso de puntos suspensivos, contará cuatro tiempos: “uno, dos, tres, cuatro”. Al novato, este ejercicio le permite comenzar a escucharse, se obliga a un nuevo ritmo, a adquirir seguridad y a saber cuándo debe respirar.

Practiquemos lo anteriormente descrito con el siguiente texto:

La Oratoria es un hombre fuerte y la Declamación es una mujer muy  ella. (uno, dos, tres) Ciertamente, (uno) no podemos decir que una sea más que la otra, (uno) ambas son arte excelso. (uno, dos, tres) Pero a mí, (uno) ningún hombre me ha parecido bello; (uno, dos) en cambio, (uno) existen mujeres sumamente hermosas y de una gran fuerza en todos sentidos: (uno, dos, tres) Mi esposa es una de ellas.

Según sea el nivel, debemos buscar lecturas de nuestro interés para seguir practicando el aspecto de las pausas, hasta conseguir la estatura que satisfaga nuestro gusto.

Por último, referente a los signos y a sus pausas, los dos puntos (:) tienen su entonación especial que previene para atender a lo que se dirá enseguida, y la pausa correspondiente puede ser de dos o tres tiempos, ya que el objetivo del signo es captar la atención del que escucha.

Al recomendar como primer paso leer con claridad, y al referirme a la lectura en voz alta, deberemos atender en beneficio de esa claridad, a una pronunciación adecuada para los vocablos que hayamos de manejar.

No está por demás insistir en que cada palabra debe ser comprendida en su exacto significado. Si el trabajo se desarrolla colectivamente, es recomendable que una vez consultado el vocabulario correspondiente a un poema o a una lectura, se aplique en frases elaboradas por los alumnos; sería muy bueno que se escribieran en el pizarrón para visualizarlas y afirmar, al mismo tiempo, el conocimiento ortográfico, sobre todo si se aprovecha para observar además algunas voces derivadas de las que se estén ejercitando, e indudablemente, estoy seguro de que la habilidad del maestro o del lector, sabrá encontrar diversos caminos para practicar al respecto.

Aspecto importantísimo es la DICCIÓN. Si nos proponemos declamar, entonces somos responsables de que cada verso y cada palabra contenida en el poema, llegue con claridad a los oídos de quienes escuchan. Una vez entendidos los vocablos de un verso o estrofa, pronunciemos en voz alta y con toda claridad.

Como instructor de infantes, me he topado con que la mayoría de ellos no ha alcanzado una óptima dicción, lo cual no tiene que ser alarmante. Me ha rendido buenos resultados el ejercicio de la dicción exagerada en estos casos, el cual consiste en pronunciar las palabras, separando con gran vehemencia y fuerza las sílabas que las componen; -abre todo lo que puedas tu boquita-, le digo al
pequeño, y asegúrate de que se entienda perfectamente lo que dices. No tiene que ser un trozo de poema; se puede platicar acerca de cualquier tema en esta forma; a los niños les resulta muy divertido, aunque un poco cansado, si se exagera en el tiempo dedicado a esta tarea.

Basta ser cuidadosos en reiterar los ejercicios, la lectura frecuente en voz alta, diferenciación minuciosa de las consonantes, y sin duda alguna lograremos el dominio en la dicción.

El objetivo fundamental es lograr la claridad articulada en la dicción; y, sobre este aspecto, debemos insistir perdurable y tenazmente, aun cuando se hayan alcanzado excelencias en el buen decir, además de que una voz clara y agradable, siempre es bien recibida en el hablar cotidiano y en cualquier forma de locución.

La MÍMICA es piedra angular, cuya falta puede convertir en ruinas la mejor de las construcciones; pero no utilicemos ese índice que ejerce su oficio de señalar  todos los sitios simplemente mencionados en el poema, o la mano que dibuja el horizonte como si manejara gigantescos pinceles, o los declamadores que actúan como ferrocarrileros en pleno desempeño de su función de señaladores. Debemos entender que se declama fundamentalmente con la palabra que transmite ideas, no se declama con las manos, y los brazos no son aspas de molino. Quienes exageran en los ademanes no se dan cuenta que desaparecen el declamador y la Declamación, para transformar en espectáculo lo que debe ser simplemente una interpretación, basada en el manejo de la palabra como transmisora de mensajes poéticos. Supeditan su trabajo al aspecto, al disfraz y le restan categoría estética. No todos los poemas son adecuados para declamarse. La mayor parte de la producción poética se ha escrito con la intención de que se lea y nada más.

Es también ausencia de originalidad la imitación; podemos detenernos a observar, encontraremos que el estilo personal se adquiere en la congruencia del ser, de la propia personalidad, con el género o el tipo de poema que se ha elegido.

Voy a decirlo, aunque sé que no todos mis colegas están de acuerdo conmigo: A los niños sí se les permite exagerar un poco más en la mímica, ya que he comprobado que esto les ayuda a introducirse con más confianza en el arte del hablar con énfasis; mi máxima es: La acentuación de los movimientos debe ser  nversamente proporcional a la edad del declamador. Lo anterior es en términos generales, ya que me he encontrado “garbanzos de a libra”, a los que les enseño como lo que son: unos superdotados de cualidades para declamar. Al fin de cuentas, a los niños todo les sale bien, hasta cuando se les olvida el poema.

Si se pretende ser y no parecer declamador, que se trabaje en la perseverante voluntad que le permita desarrollar su entendimiento, en la observación de la belleza íntima de la poesía adecuada a los elementos educables que posea para interpretarla.

El asunto del declamador es dar vida al poema, y la interpretación implica transmitir lo que ha entendido, llevar el sentimiento poético hasta la asimilación  expectante del público que estará dispuesto a esa comunicación indudable queemana de su deseo por lo que le es afín a su propia naturaleza. Ha llegado  entonces el momento de tener muy presentes los resultados que ejercitamos en ladicción: claridad, fraseo correcto y, ahora, carga emocional. Cada verso, cada período mental, encierra una imagen o una idea que le da sentido, que el declamador habrá asimilado y que habrá de proyectar para que resuene en el sentimiento del auditorio.

Debemos leer de acuerdo con el sentido de la frase y la aplicación de las pausas de un modo inteligente; esto ayuda a eliminar el sonsonete, que los principiantes tardan tanto en ausentar de su natural inclinación a remarcar el ritmo del verso; vicio fonético a veces habitual y hasta del gusto de algunos poetas que, dicho sea con todo respeto, mejor sigan deleitándonos con su obra escrita, pero
que no nos la lean y menos nos la declamen. Observemos, observemos siempre las virtudes y defectos para beneficio de nuestra personal interpretación.

¿Cómo dirías lo siguiente?: “Me siento triste y cansado”. Ahora dilo de varias  maneras, anteponiendo o completando, si lo deseas, algo que justifique el cambio de entonación; es buen ejercicio para el aficionado. La interpretación habrá de daralgo que ya he establecido: la trilogía de sensibilidades que forman el poeta, el declamador y el auditorio. El declamador responderá ante el público por el trato que sepa dar a la palabra del poeta; no teatro ni oratoria, no el melodrama ni aspas de molino o cuchilladas al viento, sino la palabra que transmite ideas, que levanta el sentimiento del poeta y lo sublima.

Muy ligado a la dicción, está el aspecto de la VOZ. Ésta debe representar el apoyo más firme al declamador, si las virtudes de la misma le favorecen; de lo contrario, habrá que corregir los defectos de la misma, en la medida de lo posible.

A este respecto, trataré lo que tenga qué ver con lo práctico en el quehacer de la Declamación, por lo que me referiré a sus cualidades propias: tono, timbre, cantidad e intensidad.

El tono es la altura de la voz; entonces, según éste, las voces se clasifican en agudas, intermedias o graves; la intermedia es la que prevalece en la buena  Declamación. El matiz personal de la voz se llama timbre y está determinado por el tono fundamental y los armónicos o tonos secundarios. Una voz bien timbrada es agradable, a diferencia de las blancas, roncas y chillonas. Cantidad es la duración del sonido, o sea, largos o breves, con toda la gama intermedia. Con esto no hay mucho qué hacer, ya que depende de las características de cada idioma y de los hábitos lingüísticos de las regiones o países. La mayor o menor fuerza con que se produce la voz se llama Intensidad, por lo que hay voces fuertes y débiles.

Precisamos corregir en la medida de lo posible estas cualidades, de tal forma que  lleguemos a la excelencia, entre tanto, interpretemos la obra que más dominemos con nuestras características propias.

Refiriéndonos a las cualidades de una buena voz, diremos que un buen declamador debe tener su voz impostada, o sea, colocada correctamente; de no ser así, se habla con esfuerzo, sin naturalidad, no respetando las cualidades fisiológicas del aparato de fonación, lo que permita al aire salir con libertad y producir los sonidos con amplitud y en su mejor calidad. Con respecto al alcance de la voz, diré que un buen declamador debe hablar a cualquier distancia, ya que el oficio lo exige, en auditorios demasiado grandes, al aire libre o por la ausencia de micrófonos. En salas chicas hablemos con poca voz pero sin apagarla. En auditorios grandes, se debe hablar con voz fuerte, pero sin gritar. La intensidad es la fuerza con que se habla. Nunca debe vociferarse; pero tampoco debe caerse en el defecto opuesto de hablar tan quedo que no se escuche. Hay que evitar la monotonía, variando la intensidad. Una buena voz debe ser perfectamente perceptible, clara. Deben escucharse todas las palabras del poema, aun las de tono bajo. Que una voz sea pura significa que no esté viciada por defectos del aparato vocal o fallas de articulación o fonación. La resistencia y duración deben ser condiciones naturales del declamador. Éstas están muy ligadas con la impostación; las voces mal colocadas se fatigan.

Por último, a este respecto, me refiero a la extensión del poema. Debemos escoger para nosotros o ayudar a seleccionar al aprendiz, una obra poética precisa; muchas veces he visto, sobre todo a niños, perderse o fatigarse en la Declamación, si es que no llega antes el desesperante olvido.

Tomado de: www.itesca.edu.mx/.../A_04_aspectosbasicosdeladeclamacion.pdf